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Hoy más urgentemente que nunca se experimenta la necesidad de que se intensifique en forma decisiva la enseñanza que se dispensa a todos los grupos de edades y respecto de todas las materias impartidas. Sin embargo, estamos muy lejos de satisfacer esta necesidad social por varios motivos importantes: Ante todo, el miedo generalizado que producen los estudios. Hay un dicho que se aplica a muchas personas y que expresa este temor equiparando los estudios a un gran sacrificio. Este miedo aumenta con la intensificación del proceso pedagógico, que suscita al mismo tiempo una reacción negativa tanto en el educando como en el profesor.

En segundo lugar la existencia de una „norma social“ que postula la insuficiencia de las capacidades del individuo. De acuerdo con esta norma, el individuo sólo es capaz de asimilar una parte nueva de la materia enseñada hasta un límite determinado que fijan la didáctica, los manuales y las autoridades educativas. El nivel de la capacidad humana normal, según la opinión autorizada de personas competentes, limita de hecho la personalidad a partir de la primera infancia. Se ha establecido una norma que se acepta universalmente como algo inmutable. Cualquier método de aprendizaje que sostenga que es posible asimilar un mayor volumen de material que el admisible por la norma es rechazado bajo pretexto de que no concuerda con las capacidades del individuo.

La tercera razón es la ausencia de un enfoque global que se base en los descubrimientos medicopsicológicos, fisiológicos y artopsicoterapéuticos en lo que respecta al educando. El proceso pedagógico se dirige a ciertas estructuras funcionales del individuo, en particular a estructuras esencialmente asociadas a una enseñanza aburrida, rigurosamente fría y sin contenido emocional ni interés, y al parecer se opone a su participación integral y natural en todo lo que le concierne en cada momento de su vida. No se tiene en cuenta un hecho importante, a saber, que la persona humana reacciona siempre y simultáneamente de manera consciente y subconsciente. En otros términos, el cerebro, el córtex y el subcortex, así como los dos hemisferios, el izquierdo y el derecho, siempre funcionan de modo simultáneo, y los procesos analíticos y sintéticos tienen lugar al mismo tiempo en el sistema nervioso central. En ausencia de un método pedagógico médico, la combinación del miedo a los estudios y de la norma acerca de las capacidades limitadas de la persona produce en la mayoría de los educandos lo que llamaremos una „didactogenia latente“.

Este estado se caracteriza por un cierto número de rasgos. A menudo, los alumnos sufren en grados diferentes de lo que se podría denominar una „neurosis escolar“, ya que no tienen ninguna confianza en sus capacidades y no conocen la existencia de sus reservas. La enseñanza, que es un proceso natural de satisfacción de la necesidad fundamental del hombre, esto es, de su sed de conocimiento, se convierte para ellos en un traumatismo duradero. Resulta evidente que en estas condiciones las tendencias a la intensificación del proceso pedagógico no apoyadas médicamente, pueden hacer aumentar los conflictos psíquicos, agravar las neurosis y reducir los efectos de este proceso en lugar de incrementar su eficacia. Conviene señalar a este respecto que el condicionamiento didactogenizante es característico no sólo de los educandos sino también de los profesores. Cuando un profesor está convencido de que el aprendizaje es un verdadero suplicio para sus alumnos, que se restringe considerablemente su capacidad de asimilación de nuevas informaciones, este profesor confirma, inconscientemente, el temor de sus alumnos, les da la razón y así refuerza aún más su actitud negativa ante los estudios.

A fin de mejorar los resultados escolares en el marco de las condiciones psicológicas descritas, la práctica pedagógica recurre a diferentes estratagemas.

Demos algunos ejemplos:

1. El material pedagógico se presenta en unidades cada vez más pequeñas. Después de la asimilación y la fijación de estas unidades se procede a unificarlas progresivamente en unidades más importantes. Este método crea hábitos de nivel elemental, que no pueden utilizarse inmediatamente y que se destruyen para permitir la creación de hábitos de nivel superior. Éstos son a su vez reemplazados hasta que se llegan a crear en el alumno hábitos y aptitudes creativas de nivel aún más elevado. La creación y la fijación de hábitos elementales, que se destruyen a medida que se van reemplazando por otros, refuerzan en el alumno el miedo y la actitud negativa con respecto a sus capacidades, lo que debilita aún más su motivación frente a sus estudios. Por otra parte, el establecimiento de una jerarquía de hábitos, que caracteriza a la práctica pedagógica no médica, oculta una serie de peligros para la salud del alumno. Las experiencias fisiológicas han demostrado que una de las causas principales de ciertos estados neuróticos es la creación de estereotipos (hábitos) que deben destruirse a continuación. La creación, la fijación y la destrucción de estereotipos pueden provocar perturbaciones bastante importantes especialmente en los individuos que tienen un sistema nervioso de tipo inerte, es decir, aquéllos que tienen reacciones más lentas.

2. Otro método pedagógico, que tiene por objeto aumentar cualitativa y cuantitativamente la información adquirida en un periodo determinado, consiste en la repetición múltiple de la materia enseñada. Todo el mundo conoce la máxima latina repetitio mater studiorum est. La repetición óptima, creativa y variada ha desempeñado y desempeñará siempre un papel en el seno del proceso educativo. Sin embargo, la repetición monótona da lugar, en la mayoría de los casos, al aburrimiento y a la consolidación de la actitud negativa antes señalada. La repetición mecánica es una prueba de debilidad de la personalidad y muestra la necesidad de intensificar la actividad cerebral. Por consiguiente, la repetición simple reduce la eficacia del trabajo escolar en lugar de aumentarla.

3. Conscientes del efecto perjudicial que puede producir la actitud negativa de los alumnos respecto a sus estudios, los profesores introducen a menudo en su trabajo pausas recreativas, lo cual conduce al alumno a pensar que realmente tiene necesidad de reposo. Estas pausas traen como consecuencia que el alumno se confirme en sus temores y refuerce su sentimiento de insatisfacción y su fatiga. Independientemente de sus efectos relajadores, las pausas recreativas, e injustificadas, agudizan en el alumno la conciencia de que su actitud negativa con respecto al proceso educativo está fundamentada.

4. Existen intentos de intensificar el proceso educativo mecanizándolo o programándolo. En este caso el alumno está en contacto con las máquinas o recibe la retroacción (feed-back) del material programado. Aunque la enseñanza mecanizada o programada tiene aspectos positivos no se puede negar el hecho de que la máquina separa al alumno de su medio social y de la riqueza emocional del trabajo en equipo. En definitiva, la información que se recibe por este conducto no estimula en absoluto sino que agrava aún más la actitud negativa del alumno.

Un rápido análisis de los métodos pedagógicos tendientes a mejorar el proceso educativo indica que, en la práctica didáctica normal, se ejerce una presión importante sobre la personalidad del educando. Este último reacciona a esta presión, pero su motivación desciende en proporciones considerables. Sus esfuerzos no son alentados más que por necesidades de orden práctico, especialmente la de asegurarse una calificación que corresponda a sus proyectos para el futuro. Por esta razón, la satisfacción de la necesidad vital constituida por la sed de conocimientos se acompaña no de alegría sino de sacrificios y aburrimiento. Al darse cuenta de estos aspectos negativos del proceso educativo, diversos pedagogos han adoptado la posición contraria, a saber, conceder una libertad total al educando. Según este método, el alumno tiene la libertad de aprender lo que quiera y como quiera. No obstante, esta justa reacción de muchos pedagogos trae consigo un gran número de inconvenientes. ¿Qué sentido tiene la libertad que se concede al alumno, si éste no se libera de su miedo ante la insuficiencia y los límites de sus capacidades de asimilación? La libertad junto con el miedo a los estudios lleva a rechazar la enseñanza.

A nuestro juicio, el problema más importante que debe ser resuelto consiste en acabar con la didactogenia generalizada. Si un sistema de enseñanza consigue liberar al alumno del miedo y de la norma social en lo que concierne a sus capacidades limitadas, podrá alcanzar los demás objetivos pedagógicos. La dificultad primordial no estriba tanto en el problema de cómo obtener la liberación inicial en el alumno, sino en el de crear un sistema de liberación permanente. El alumno debe no sólo liberarse de su actitud negativa sino también convencerse de que esta actitud carece de fundamento. Tiene que reforzar la confianza en sus propias fuerzas y de este modo se pasará progresivamente de la enseñanza a la autodidaxia. Así, la enseñanza superará los límites de la norma social aceptada y alcanzará el mundo infinito de las reservas de la personalidad humana.

La sugestopedia, sistema de enseñanza que intenta conseguir la liberación interior y el desarrollo de la autodisciplina, se basa en la artopsicoterapia comunicativa y en otras disciplinas psicoterapéuticas, y tiene en cuenta las leyes psíquicas y fisiológicas que intervienen en el proceso de liberación de las reservas del individuo.

La sugestopedia crea las condiciones de la adquisición de aptitudes y capacidades de concentración interior sobre la base de una relajación física óptima. Así mismo, ésta pone en juego la totalidad de las capacidades del hombre. La aplicación de este método de enseñanza aumenta la estimulación emocional y la motivación, los intereses y las actitudes se activan y se organiza mejor la participación de las funciones conscientes y subconscientes del individuo. A fin de estimular la atención, que es elemento integral de la actividad del alumno, se organiza el proceso pedagógico de manera que se utilicen plenamente no sólo las posibilidades de la atención activa, sino también las de la atención pasiva y, en particular, las posibilidades de las percepciones periféricas que intervienen de modo inconsciente tanto en situación de atención activa como de atención pasiva.